Poesía de Guerrero

Antonio Hernández Sánchez con su libro Ensoñación nos muestra un mundo mágico, que nos envuelve con su poesía; Nacido en Quechultenango, Guerrero el 25 de julio de 1913 nos invita a soñar, a vivir a imaginar toda una vida de inspiración y a través de sus poemas nos muestra la belleza de su hermoso Estado de Guerrero.

Ponemos ante usted dos de sus Poesías

A Guerrero

Yo te invoco, Guerrero, en mi memoria
Para que escuches mi sencilla voz;
Para mirar tus ojos penetrantes
Y sentir en mi pecho su calor.

Acércate hasta mí; quiero decirte
Que me invade una dicha sin igual,
Al recordar la fecha en que naciste
Para ser una gloria nacional.

Acércate; que mi alma enternecida
Vibra en todas las fibras de mi ser;
Porque en este homenaje fervoroso
Tu pueblo quiere verte renacer.

Que no se extinga el éxtasis sublime
Que constituye para mí el vivir
En una patria respetada y libre
Que tú hiciste del fuego resurgir.

Que siempre que te evoque, reverente,
Broten en mi agradecido corazón
Un efluvio de afectos concentrados
En una indescriptible admiración.

Todo calla, ¡oh caudillo!; todo calla,
Mientras llega tu espíritu hasta aquí
Todo se siente rebosar de anhelos;
Todos piensan ahora solo en ti.

La patria toda demostrarte quiere
Los sentimientos de su inmenso amor,
Y por eso, tu nombre pronunciando,
Se olvida de pena y el dolor.
Y por eso, amorosa como siempre,
Ensalza tu valor y tu lealtad.
¡Y te brinda su férvido homenaje
Como tú le brindaste LIBERTAD!

El Pregón de la Miseria

Ante mí, como sombras de ultratumba venidas,
Desfilaron hoy tarde muchas almas vencidas.
Poco a poco a mi banco se llegaron en turno
Con la faz demacrada y el mirar taciturno.

Extendieron las manos... y con trémula voz,
Me pidieron limosna: ¡Por el amor de Dios!
Por mi mente cruzaron no se que pensamientos,
Al oír la plegaria de esos labios hambrientos.

Fue un instante de ira, de siniestro coraje,
Que inyecto mi cerebro del anhelo salvaje
De acabar con aquellos harapientos hermanos
Que todo semejaban, menos seres humanos.

¿Por qué tanta miseria pregonaban sus labios?
¿Era, acaso, el castigo por tremendos agravios
Que a la vida infirieran en remotas edades;
O era el cruento martirio por sus muchas maldades?

Yo sentí que la sangre de mis venas hervía
Con el fuego del odio que en mi mente bullía,
Viendo aquellos desechos de una vida maldita
Que pasaban cargando su miseria infinita.

Se lleno mi conciencia de los cuadros burgueses,
Donde todo es orgía, donde no hay escaceses;
Donde sobran manjares exquisitos y finos
Y se bebe en exceso lo mejor de los vinos.

Y pensé en la injusticia de este mundo de penas,
Que es tan cruel y tan duro con las gentes más buenas;
Con aquellas que sufren su dolencia ancestral
Sin hallar en la vida paliativo a su mal.

Refrene mis impulsos y amainé los rencores
Que en mi pecho brotaban ante tantos dolores;
Sacudí con violencia mi alterada cabeza
y a la turba andrajosa me volví con tristeza.

Luego hurgue en mis bolsillos desesperadamente
¡ni un centavo siquiera que ofrecerles tenía!
¡Ni un centavo siquiera.... Que terrible ironía!

Se alejaron muy tristes; como sombras venidas
De otro mundo lejano. ¡Pobres almas vencidas!
¡Cuanta infame miseria nos revela su voz
Cuando pide limosna... por el amor de Dios!

Chilpancingo, gro. 1935

 


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